miércoles, 18 de febrero de 2015

Leyla ford, entre respuestas encuentro más dudas.

Seis de Mayo de 1840.

Quinto día de revisar el obituario. Incertidumbre, inquietud, nada... ¿Nada?. Nada.
Los días pasaban dejando una huella marcada y profunda , todo a mi al rededor llevaba impregnado un matiz impuro y obscuro. Cómo podía si quiera pensar en olvidarle, la sola idea me parecía estúpida, igual a mi, igual a el.
Supongo que es el orden lógico de las cosas, te hacen daño, te llenas de ira y al final lo dejas y te repones pero, ¿qué se supone que se hace cuándo el fuego se ha llevado todo consigo? y si, a eso me refiero, un incendio, que me quitó todo lo que más amaba en la vida y dejó la extraña e incoherente sensación de frío, hielo, olvido... Cuándo creí que jamás sacrificaría mi vida bajo ninguna circunstancia y por ninguna causa, lo hice... sin siquiera meditarlo tres segundos, lo hice. Luego el se fue sin dejar rastro e ignoro a dónde, porque sé  que pese a lo que cualquiera pueda decir hay algo dentro de mi que me dice que aún está vivo.
La señora Philips dice que lo vio salir, dice que es probable que esté en un lugar como Atlanta, pero debo ver para creer, el se encargó de que yo desconfiara en su totalidad de la gente, empezando por el, no sé a quién debería culpar, pero se que debo encontrarlo y se que haré lo que sea necesario para ello.