sábado, 9 de mayo de 2015

Vesania

Cada acción lleva consigo una reacción, pero no siempre una acción está conducida por una reflexión. Así me sentía. De la forma más inexplicable y estúpida acabé inmersa en mar de sentimientos un tanto incongruentes, pero reales.

Mi cerebro estaba tan ofuscado, en realidad me era totalmente imposible reconocer el lugar en el que me hallaba, intenté percibir todo aquello que estaba a mi al rededor, nada parecía darme respuestas, ni el gélido aire, ni su olor a jazmín y yerbabuena, ni la brillante y pesada lluvia que sin entenderlo se detenía a medio metro del suelo creando una pequeña cortina de agua suspendida .En algunos sueños absurdos creí imaginar como sería estar suspendida en el aire, burlándome de las leyes físicas, pero al final siempre estaba en el suelo. Toqué el agua.

Las nubes se saciaron, luego se apartaron, el cielo despejado y limpio abrió paso a una infinidad de astros de luz que danzaban de un lado a otro hasta desaparecer. De repente todo se detuvo, le vi. Llené mis pulmones, caminé en su dirección. Me perdí en la espesura y nitidez de sus insondables esferas cafés, tan brillantes y honestas que dibujaron una tímida sonrisa en mi rostro. Tenía las palabras congeladas en mi garganta. Se le escapó una tenue sonrisa, Jamás pensé que podía volver a encontrarle.
Tenía tantas cosas que decirle, tantas lagrimas postergadas, el nunca imagino cuánto lo amaba y me había dejado como siempre, con una cobarde excusa.

Me acerque a el tanto que escuchaba su respiración, sentía la sangre caliente condensarse en mis venas. Estaba encolerizada, indignada, lo odiaba. Por cada segundo que pasaba sentía como el corazón se me desbocaba con la fuerza de mil caballos  y detestaba de una manera colosal que me llevara a convertirme en la estúpida insubordinada sentimental que moría por el.

Odiaba ser frágil, emocional. Patética, era el término adecuado.
Lo miré esperando una respuesta, pero sólo se burló.
 Me abalancé sobre el y lo abracé con tanta fuerza como pude, el sólo me miró y se le escapó una carcajada estruendosa. Me limpié las lagrimas con el dorso de mi mano y me aparte de el, me ardía el pecho.
Su mirada me atravesó, respiró hondamente y empezó a caminar alejándose.
Me desplomé en el piso, me sentía tan mareada, tan perdida.


Desperté.


Estoy en el suelo, he rasgado las sábanas y tengo muy caliente la frente. Me levanto y me miro en el espejo.

 << Otra noche más >>  Pienso.
Estoy cansada de soñar lo mismo, de soñar con el, las páginas de mi diario sólo hablan de el, quiero vomitar.
Voy a la ducha, suena mi celular, es un mensaje de el. ¿Creo que aun estoy dormida?  Que más da, voy a prepararme un café. 
<<Estoy de idiota hoy>> , pienso.
Mis manos tiemblan, alguien me esta gritando muy fuerte, pero no hay nadie. Mis manos sudan, hay mucha agua, mis poros están muy abiertos, tengo miedo. Mi pierna se está quemando, intento apagar el fuego.
Cierro los ojos. ¿Por qué estoy desnuda? algo me duele, hay mucha sangre, no hay pulsaciones.
Alguien está halando mi cabello, grito, yo grito, grito...
Me cortan la espalda, trato de pararme, mis piernas no se mueven.
Mis pulmones están llenos de agua, me asfixio.

Me arrastro, tomo un yelco, lo lleno de aire, me lo incrusto en la pierna, libero el aire, cierro mis ojos.


Cada acción lleva consigo una reacción, pero no siempre una acción está conducida por una reflexión...